El descalcificador es una técnica de tratamiento del agua diseñada para reducir su dureza, que consiste en eliminar los iones de calcio y magnesio. El agua que tiene una cantidad importante de calcio y magnesio se llama agua dura, y puede atascar las tuberías y dificultar que el jabón y el detergente se disuelvan en el agua. El descalcificador funciona mediante un proceso llamado intercambio iónico, en el que los iones de calcio y magnesio presentes en el agua se sustituyen por iones de sodio.
El sistema de ablandamiento está formado por un intercambiador con lecho de resina catiónica y un depósito de saturación de salmuera. El agua sin tratar entra en el equipo por una boquilla en la parte superior y se distribuye por toda la superficie transversal del lecho, que se atraviesa en sentido descendente, y el agua ablandada se recoge mediante rejillas instaladas en el fondo falso que soporta el lecho, las cuales la conducen hacia la salida inferior del recipiente. La regeneración se puede hacer de forma manual o automática, haciendo pasar una solución de salmuera al 10 % en flujo descendente a través de la resina; la solución regenerante se introduce en el recipiente a través de un distribuidor específico situado a poca altura por encima del lecho.
La resina catiónica que se usa en los descalcificadores es una sustancia química sólida. El agua pasa a través de la resina para que los iones de calcio y magnesio se unan a ella y los iones de sodio se liberen al agua. Esto hace que el agua sea más blanda y menos propensa a formar depósitos de cal.
El descalcificador se usa en aplicaciones industriales no solo para reducir la dureza del agua, sino también para proteger los equipos de agua caliente y fría, como calderas, intercambiadores de calor y tuberías, contra los daños causados por el agua dura, y también para mejorar la eficiencia del tratamiento del agua.