El análisis de las aguas superficiales es un proceso clave para evaluar la calidad y el estado de las masas de agua, como ríos, lagos y embalses. Esta evaluación permite detectar posibles contaminaciones y controlar la presencia de sustancias nocivas, garantizando la seguridad del agua y la protección del medio ambiente.
El análisis de las aguas superficiales es importante porque estas desempeñan un papel fundamental en el abastecimiento de diversas actividades humanas, como el consumo, la agricultura y la industria. Además, una calidad adecuada del agua es esencial para el equilibrio y la supervivencia de los ecosistemas acuáticos.
Los puntos de muestreo de aguas superficiales pueden variar según el objetivo y el contexto del análisis de estas aguas. Por lo general, los muestreos se hacen en puntos estratégicos a lo largo de las masas de agua, como ríos, lagos, embalses, lagunas, arroyos y manantiales.
Es importante destacar que la selección de los puntos de muestreo debe basarse en un análisis minucioso de las características de la cuenca hidrográfica, de las actividades humanas cercanas y de los objetivos específicos del análisis de las aguas superficiales. Además, es fundamental seguir los protocolos adecuados de recogida de muestras para garantizar que los resultados sean representativos y precisos.
Incluyen parámetros como el pH, la turbidez, la conductividad eléctrica, el oxígeno disuelto, la demanda bioquímica de oxígeno (DBO), la demanda química de oxígeno (DQO) y los nutrientes (nitrógeno y fósforo), entre otros. Estos parámetros ayudan a comprender las características físicas y químicas del agua, así como a identificar posibles fuentes de contaminación.
Consisten en detectar y cuantificar los elementos metálicos que hay en el agua, como el plomo, el mercurio, el cadmio, el cobre y el zinc, entre otros. Una presencia excesiva de metales pesados puede ser perjudicial para la salud humana y para los ecosistemas acuáticos, por lo que su análisis es fundamental para garantizar la seguridad del agua.
Su objetivo es detectar la presencia de organismos patógenos, como coliformes fecales, bacterias y virus, que pueden indicar contaminación fecal y suponer un riesgo para la salud pública. Además, también se evalúa la presencia de algas, cianobacterias y otros microorganismos.
El análisis de las aguas superficiales nos ayuda a tomar medidas preventivas y correctivas, lo que nos permite poner en marcha estrategias eficaces de gestión medioambiental.
La Resolución n.º 357 de CONAMA establece unas directrices y clasifica las aguas en diferentes tipos, según sus usos y características. Los tipos de agua definidos son:
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