Aguas superficiales

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Aguas superficiales

El análisis de las aguas superficiales es un proceso clave para evaluar la calidad y el estado de las masas de agua, como ríos, lagos y embalses. Esta evaluación permite detectar posibles contaminaciones y controlar la presencia de sustancias nocivas, garantizando la seguridad del agua y la protección del medio ambiente.

El análisis de las aguas superficiales es importante porque estas desempeñan un papel fundamental en el abastecimiento de diversas actividades humanas, como el consumo, la agricultura y la industria. Además, una calidad adecuada del agua es esencial para el equilibrio y la supervivencia de los ecosistemas acuáticos.

Los puntos de muestreo de aguas superficiales pueden variar según el objetivo y el contexto del análisis de estas aguas. Por lo general, los muestreos se hacen en puntos estratégicos a lo largo de las masas de agua, como ríos, lagos, embalses, lagunas, arroyos y manantiales.

  1. Lagoas
  2. Ríos
  3. Manantiales
  4. Zonas costeras y estuarios
  5. Afluentes
  6. Aptitud para el baño


Es importante destacar que la selección de los puntos de muestreo debe basarse en un análisis minucioso de las características de la cuenca hidrográfica, de las actividades humanas cercanas y de los objetivos específicos del análisis de las aguas superficiales. Además, es fundamental seguir los protocolos adecuados de recogida de muestras para garantizar que los resultados sean representativos y precisos.

Tipos de análisis que se hacen en las aguas superficiales, como parte del proceso:

El análisis de las aguas superficiales nos ayuda a tomar medidas preventivas y correctivas, lo que nos permite poner en marcha estrategias eficaces de gestión medioambiental.

La Resolución n.º 357 de CONAMA establece unas directrices y clasifica las aguas en diferentes tipos, según sus usos y características. Los tipos de agua definidos son:

  1. Agua dulce: Es la que tiene un bajo contenido en sal, y se usa en la agricultura, la industria y el suministro público; incluso puede ser apta para el consumo humano, entre otros usos.
  2. Agua salobre: Es la que tiene un contenido de salinidad intermedio, y suele encontrarse en regiones costeras o en zonas donde hay intrusión salina. No es apta para el consumo humano directo, pero se puede usar en actividades agrícolas e industriales.
  3. Agua salada: Aquellas con un alto contenido de sal, como la de los océanos.


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